Bauman y la Modernidad Líquida.


BAUMAN Y LA MODERNIDAD LÍQUIDA:

Zygmunt Bauman (Poznań, Polonia, 19 de noviembre de 1925) es un sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío.
Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Desarrolló el concepto de la «modernidad líquida». Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.
Nació en el seno de una familia humilde; en su huida del nazismo, se trasladó a la Unión Soviética y regresó posteriormente a Polonia, donde militó en el Partido Comunista y fue profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia antes de verse obligado a irse de Polonia en 1968 a causa de la política antisemita desarrollada por el gobierno comunista después de los sucesos de marzo de 1968. Posteriormente a su purga de la universidad de esa ciudad, enseñó sociología en países como Israel, Estados Unidos y Canadá. Desde 1971 reside en Inglaterra. Es profesor en la Universidad de Leeds, de ese país. Y, desde 1990, es profesor emérito.

El interés de la investigación de Zygmunt Bauman se enfoca en la estratificación social y en el movimiento obrero, antes de interesarse en temas más globales tales como la naturaleza de la modernidad. El período más prolífico de su carrera comenzó después de abandonar la enseñanza en Leeds, cuando se acrecentó su importancia más allá de los círculos de sociólogos profesionales con un libro que publicó acerca de la supuesta conexión entre la ideología de la modernidad y el Holocausto. La obra de Bauman comprende 57 libros y más de 100 ensayos. Muy influido por Gramsci, nunca ha llegado a renegar de los postulados marxistas. Sus obras de los 80 y principios de los 90 analizan las relaciones entre la modernidad, la burocracia, la racionalidad imperante y la exclusión social. Siguiendo a Sigmund Freud, concibe la modernidad europea como el producto de una transacción entre la cesión de libertades y la comodidad para disfrutar de un nivel de beneficios y de seguridad.

Zygmunt Bauman introdujo el concepto de modernidad líquida hace algo más de una década en su intento de capturar el presente y que desde entonces ha ido abriéndose paso poco a poco hasta instalarse como una de las metáforas favoritas de nuestras sociedades para intentar comprender reflexivamente su mundo de vida circundante. La imagen de un «mundo líquido» ha prendido en el imaginario de unas sociedades que parecen haber hallado en esa idea una manera de entender algunos rasgos de nuestro tiempo pero también una explicación al difuso malestar que acompaña a su insultante riqueza económica y su intimidatorio desarrollo tecnológico.

A finales de los años ochenta Bauman publica su gran trilogía sobre lo que por contraste con la fase líquida de la modernidad podríamos denominar la «modernidad sólida» y que forman Legislators and Interpreters, Modernity and the Holocaust y Modernity and Ambivalence. De estos tres libros, sin duda el que marcará un punto de inflexión en su trayectoria será Modernidad y Holocausto, galardonado ese mismo año con el prestigioso Premio Europeo Amalfi de Sociología y Ciencias sociales concedido por la Asociación Italiana de Sociología.

Si Bauman se ha aupado hoy como uno de los referentes del pensamiento contemporáneo es, sobre todo, por su agudo diagnóstico de la «líquida vida moderna». Desde la década de los noventa, Bauman viene haciendo un minucioso y exhaustivo análisis de las implicaciones sociales del tránsito de la fase sólida a la fase líquida de la modernidad. Apenas hay un tema sobre el que no haya depositado su escalpelo teórico: la ética, la globalización, el consumo, el individuo, el trabajo, la utopía, el arte, la ciudad, el amor, la muerte, el sexo, los extranjeros, la comunidad, la identidad... Todos y cada uno de esos temas son diseccionados una y otra vez por la mirada de Bauman en una suerte de continuo ritornello que ofrece una perspectiva del mundo actual voluntariamente asistemática pero al mismo tiempo precisa y extremadamente coherente.

El paso de la fase sólida a la fase líquida de la modernidad se caracteriza por un proceso de constante y continua desregulación que afecta a todos los ámbitos de la vida (el trabajo, las relaciones personales, el compromiso político, las relaciones familiares, los marcos regulativos, las reglas de juego social a largo plazo, la propia identidad, etc.). Ese proceso, supuestamente orientado a garantizar mayores cotas de libertad en el espacio social, deja, sin embargo, como residuo inextirpable un incremento en la inseguridad y en la ansiedad con la que enfrentamos nuestras vidas como resultado de la incertidumbre que tal emancipación genera. Y lo que es peor: echa sobre los hombros privados de los individuos el pesado fardo de una responsabilidad que en la fase sólida de la modernidad se asumía como una carga socialmente compartida.

En Modernidad Líquida Zygmunt Bauman explora cuáles son los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido en el tiempo y cuáles las características que han cambiado. El autor busca remarcar los trazos que eran levemente visibles en las etapas tempranas de la acumulación pero que se vuelven centrales en la fase tardía de la modernidad. Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles. La modernidad líquida es una figura del cambio y de la transitoriedad: “los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”. Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se limita a describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario